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lunes, 15 de abril de 2019

De bellas y bestias

Tres chicas en una habitación mirando una película. Dos en la cama, una en el piso. Comen pochoclos y rocklets en iguales cantidades.

-Miren, tiene un vestido amarillo, como en La Bella y la Bestia.- señala una de las que está sentada en la cama mientras acerca un puñado de pochoclos a su boca.

-Pero el no es ninguna bestia, al contrario, es re bueno.- responde la otra que está en la cama.

-Lástima que no van a terminar juntos, es obvio que ella se va a enamorar del otro.- se lamenta la primera en hablar.

-Hay veces que dos personas buenas, “bellas” no terminan juntos.- reflexiona la que está sentada en el piso.- Pasa muchas veces, los demás los vemos de afuera y pensamos “eran perfectos el uno para el otro, ¿Por qué cortaron?” Cuando la posta es que hay veces que simplemente no se quieren lo suficiente, o quizá se dejaron de querer. A lo mejor uno de los dos se enamoró de otra persona “bella”. Hay otras veces que dos bestias se enamoran, no siempre nos damos cuenta de que se trata de dos bestias, pero alcanza con mirar un poquito en la relación para ver que lo son: se celan, se insultan, se persiguen, se destruyen. Y hay otras veces que pasa como en el cuento, una persona bella se enamora de la bestia, aunque la mayoría de las veces, la bella termina muerta.- concluye con tristeza.

Las otras dos la miran en silencio, hasta que una se anima a romperlo.- ¿Qué te pinto por hacer esa reflexión?

-Es que no me gusta el ejemplo que muchos cuentos de princesas le dan a las nenas y a los nenes.- comenta.

-¿Y?- pregunta la tercer amiga.

-Y, nada, una tiene que preocuparse por esas cosas.- rompe a llorar.- Si no prestamos atención, les terminamos enseñando que las bestias se transforman en personas por amor, que está bien que te encierren en un castillo, te traten mal y no te dejen salir. También que esta bien que te den besos cuando estás dormida, y que si el otro es lindo o feo alcanza para enamorarse, que eso construye.- cada vez llora más fuerte.- Que uno se puede enamorar de otro con tan solo ver un castillo o que está bien entregar tu voz por amor, incluso si te están advirtiendo que no lo hagas.

Silencio.

-¿Esto es porque cortaste con Lucas?- pregunta tentativamente una de las otras dos muchachas, su voz sale suave, como si la más mínima brisa tuviera la fuerza suficiente para quebrar a su amiga en dos.

-Esto es por la razón por la que Lucas me cortó.- los sollozos son cada vez más audibles y ya casi no la dejaban formular las palabras.

-¿Qué pasó?- pregunta la otra amiga, mientras se acerca a acariciarle el pelo, seguida por la que hizo la primer pregunta, que se coloca junto a la que llora.

-Estoy embarazada.- responde acongojada.

Las amigas la abrazan, pasan unos minutos en donde sólo se escucha su llanto.

-¿Vas a abortar?- cuestiona con un hilo de voz una de las dos.

La joven niega con la cabeza.- No, lo voy a tener.- se toca la panza.- En unos años estoy segura que va a ser la decisión correcta.- se ríe en medio del llanto.- ¿Se lo imaginan corriendo por ahí? ¿O una nena, chiquita, como yo?

Las otras dos se miran, quieren preguntar, pero no se animan, tras un momento una rompe el silencio:- ¿Y Lucas…- deja la frase inconclusa, no sabe cómo terminar.

-Se lo dije y le chupo un huevo. Me tiro plata para que lo aborte. Estaba sacado, me negó que fuera suyo, me trato de puta y se fue.- llora más.- Después me mandó un mensaje diciéndome que no quería saber nada, que lo disculpe, pero no.- concluye con tono sarcástico.

-Es un pelotudo.- contesta fervientemente la otra de las dos amigas.- No te preocupes, nosotras vamos a estar para acompañarte en lo que necesites.

-Sí, olvídate.- asintió la otra con la cabeza.- Te acompañamos al médico, te compramos lo que sea, hasta hablamos con tus viejos.

-Todo va a estar bien.- la tratan de convencer entre las dos, mientras la otra sigue llorando, pero aliviada, sabiendo que no va a tener que enfrentar la situación sola.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Feminazis

Son las cuatro de la mañana, un joven sale al jardín de su casa para encontrarse, bajo la luz de una lámpara, a un grupo de cinco chicas y chicos tomando mates y fumando cigarrillos.

-¿Qué hacen acá todavía? ¿No se habían ido?- pregunta con voz ronca mientras se pasa la mano por el pelo despeinado, llevaba puesto un buzo con unas bermudas y estaba descalzo.

-Al final nos quedamos tomando unos mates y jugando al truco.- contesta un muchacho de pelo negro desde la ronda de gente, al tiempo que apaga un cigarrillo.

-Vení, te cebo un mate.- ofrece una chica mientras el dueño de la casa, obediente, se sienta en medio de sus invitados, que se reacomodaron agrandando la ronda para incluirlo a él.

-¿De qué hablaban?- pregunta mientras toma el mate.- Está amargo.- exclama arrugando la cara.

-Y obvio, el mate se toma amargo.- contesta un tercer chico que hasta ahora no había mediado palabra a la vez que guarda un mazo de cartas.

-El mate se toma como cada uno quiere.- interviene una chica rubia sentada a la derecha del dueño de la casa, avistando la discusión naciente.

-Hablábamos de que las chicas tendrían que ir a lavar los platos.- responde el chico de pelo negro, cortando la conversación, mientras el de las cartas ahoga una risa.

Las tres feminas presentes lo fulminan con la mirada mientras el dueño de la casa se remueve incómodo.

-¿Pero ellas no cocinaron ya?- pregunta el último, devolviendo el mate a la muchacha de su izquierda.

-Y si, pero el lugar de la mujer está en la cocina.- bromea el mismo que habló antes.

-Sos un pelotudo.- lo insulta una tercer chica, que hasta ahora se había mantenido callada, limitándose a enviar miradas fulminantes.

-Y ya salta la feminazi.- se ríe el de las cartas, siempre apoyando a su amigo.

-Feminazi las pelotas, ustedes también tienen que ayudar en algo.- la rubia de la derecha del dueño de la casa acusa, harta de los comentarios de su amigo.

-Ehh, que agresividad.- silva el de las cartas.- ¿Con esa boquita decís mamá y papá?

La chica se limita a rodar los ojos, el mate continúa la ronda imitando a las agujas del reloj, la cebadora interviene:- No hay más mate para el que no ayuda.

-¿Pero por qué no me chupas un huevo?- le ofrece de mala manera el de pelo negro.

-Porque no le gusta el maní.- responde la que había sido acusada de feminazi.

Tanto el dueño de la casa como el de las cartas chiflan y se ríen, el de pelo negro la mira ofendido.- Nadie te hablo a vos.- es su pobre respuesta.

-Yo no puedo creer que estemos a 2018 y sigamos teniendo este tipo de debates, ya sea en joda o en serio, ¿No les hace nada de ruido todo lo que está pasando?- la rubia se indigna, mientras las demás asienten dándole la razón.

-¿Y qué está pasando?- el dueño de la casa interviene tímidamente.

-¿Sos joda Manuel? ¿Es que no ves el noticiero?- responde la rubia.

-No le hables así Agustina,- la reprende la que está cebando el mate, mientras sigue la ronda, para después dirigir su mirada a Manuel.- por lo menos se interesa, distinto que ellos dos.- reprocha señalándolos con la cabeza, de nuevo mirando a Manuel, dice:- Pasa que las mujeres nos cansamos que el único lugar que tenemos en la sociedad es el de esposas, madres, cocineras, básicamente amas de casa, y estamos empezando a hacernos escuchar, pero eso a algunos no les gusta.

El de las cartas niega con la cabeza.- No flashees Sofi, esas cosas pasaban antes, ya nadie piensa en las mujeres así.

-¿Ah, no? ¿Y qué estaban haciendo ustedes recién?

-Era un chiste Sofi, no te tomes todo tan en serio.- rueda los ojos el de las cartas.

Sofía niega con la cabeza.- No es un chiste Nicolás, quizá para vos sí, pero para nosotras no. Vos no sabes lo que es salir con miedo a la calle, lo que es tener que estar mirando para todos lados cuando doblas una esquina, lo que es tener miedo de no llegar a tu casa.- vuelve a negar.- Ustedes no se dan una idea.

-¿Qué decís?- el de pelo negro se pone en pose defensiva.- Si a los hombres también nos pasan cosas, a nosotros también nos pueden robar y eso.

Agustina lo mira acusadora.- ¿Vos te pensas que tenemos miedo a que nos roben? Que nos roben es lo más mínimo que nos podría pasar.

-¿Y a qué le tienen miedo entonces?- la voz de Manuel es suave pero sincera.

-A que nos violen, a que nos maten, cada vez somos menos.- la acusada de ser feminazi habla, amable pero rotunda.

Nicolás, por alguna razón, se siente ofendido, y habla para contradecirla:- Ese discurso lo escucho todos los días yo, y la calle está jodida para todos, la diferencia es que nosotros no hacemos marchas, salimos en tetas, y pintamos patrulleros para quejarnos.

-No. Ustedes nos violan y nos matan.- Agustina es rotunda, no deja espacio a la duda.

-¡Epa! ¡Epa! Que nosotros nunca violamos ni matamos a nadie.- el de pelo negro se defiende, mientras enciende otro cigarrillo, es el último del atado y tira la caja al piso.

-No, ustedes no, pero todo su género sí.- la feminazi ni lo mira a los ojos, mientras recibe el mate que Sofía le alcanza.- ¿O escuchas seguido que una mujer viole y mate a un hombre? No digo que no pase, pero pasa poco, en cambio, a nosotras, nos violan, nos golpean, nos drogan y nos empalan diariamente.- concluye con una risa amarga.

-Y lo peor es que los que no violan, ni matan, como ustedes, encubren.- acusa Agustina.

Nicolás y el de pelo negro se acomodan en el lugar, listos para defenderse, pero Manuel se les adelanta:- ¿Cómo que encubrimos?

Sofía le pasa el mate con cara de tristeza:- Encubren, invisibilizan, le quitan importancia a todo lo que pasan, prefieren ningunearnos, decir que es mentira, defenderse o sentirse ofendidos, en lugar de sentirse identificados y cambiar algo.

-¿Pero en qué querés que nos sintamos identificados si nosotros no hicimos nada?- habla con tono defensivo el de pelo negro mientras se encoge de hombros.

-¿Nunca pasaste la foto de una chica en bolas? ¿Nunca le chiflaste a una piba que pasaba por la calle o le tocaste el orto a una en un boliche? ¿Me vas a decir que justo vos nunca contaste la intimidad de una piba o mostraste videos privados de ella a tus amigos?- Agustina se sulfura.

El de pelo negro mira para otro lado, no se quiere hacer cargo, aunque sabe que es verdad. Tras unos segundos de silencio incómodo, en los que los chicos reflexionan sobre las palabras de Agustina, Manuel pregunta:- ¿Y cómo se cambia?

Sofía es la primera en responder:- Si te pasan una foto la borras, no le gritas a una piba o le chiflas por la calle, no la tocás sin su consentimiento. Si alguien te cuenta que se llevó a una chica borracha a su casa y se la garchó, no te reís y lo aplaudís, vos sabes que es un violador y lo tenés que tratar como tal.

-Dejás de hacer “chistes” sobre el tema. No es un chiste. Estamos hablando de la vida de todas nosotras, y la próxima vez que veas a un pibe propasándose con una piba, la defendés, y no porque pueda ser tu hermana, tu vieja o tu novia, sino porque puede ser una persona.- completa con connotación sarcástica la feminazi.

-Y dejan de acusarnos de feminazis, para empezar.- dice Agustina mirando a Nicolás.- Dejan de indignarse porque estamos enojadas, y dejan de tratarnos de histéricas por eso. Empiezan a comprender nuestro enojo, a contagiarse por él. Porque es cierto, estamos enojadas, estamos re calientes, mucho más calientes de lo que se ve mientras pintamos un patrullero o gritamos desnudas, pero estamos enojadas con razón, porque nos cansamos de estar contentas, sonrientes, como si no pasase nada. Nos cansamos de ser las esposas obedientes, las amas de casa calladas, las secretarías complacientes. Porque nos acordamos que tenemos una voz, y la empezamos a usar, y en lugar de ofenderse, deberían acompañarnos.

Silencio.

El de pelo negro se ríe y aplaude.- ¡Vamos! ¡Agustina presidenta!

Nicolás se ríe con él.- Y Sofi va de vice.

Todos acompañan las risas:- Se acabó el mate.- anuncia Sofi con intención de levantarse para calentar más agua.

El de pelo negro se para y la frena extendiendo la mano.- Dejá, vamos nosotros, y de pasada lavamos los platos.

Los tres muchachos se van a la cocina mientras las chicas se miran satisfechas.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Violencia

¿Qué es la violencia?

Según el diccionario hay cuatro definiciones posibles:
  1. Cualidad del violento.
  2. Acción y efecto de violentar o violentarse.
  3. Acción violenta o contra el natural modo de proceder.
  4. Acción de violar a una persona.
Mientras tanto, si buscamos violentar, se lee, de entre cinco definiciones:
  1. Aplicar métodos violentos a cosas o personas para vencer su resistencia.
  2. Entrar en una casa u otra parte contra la voluntad de su dueño.
  3. Poner a alguien en una situación violenta o hacer que se moleste o enoje.
Entonces, ¿Qué es la violencia?

Si me preguntan a mí, mi mamá es una persona violenta, violenta contra mi papá, violenta contra mí.
Cuando no le gusta algo, nos grita o nos trata mal.
No puedo contar el número de veces que entró por la fuerza a mi habitación o al baño mientras estaba enojada para reclamarme o gritarme, y siempre mete el dedo en la llaga hasta que estoy harta, no doy más, me pongo violenta yo, o me voy.

Pero también hay otras formas de violencia.

Como una violación.

Tengo amigas que las violaron.

Si yo he llegado a gritar y llorar porque mi mamá invadía mi privacidad y parecía que no había lugar para huir de sus palabras hirientes, de su persecuta, de su acorralamiento, ¿Cuánto tiene que llorar y gritar una chica a la que lo que le violaron es el cuerpo? A lo que le violaron, es a ella.

Lo curioso es que estas chicas no gritan, se quedan calladas, en silencio, sufriendo por dentro.

Y esto me lleva a otra pregunta, ¿Por qué se quedan calladas? ¿Cómo es que no están gritando? Y estoy empezando a ver (y comprender) la respuesta: se quedan calladas porque si gritan, aquellos que las escuchan no van en contra de quien las violó, van en contra de ellas.

Gracias a Dios eso está empezando a cambiar, ahora se está empezando a perseguir al violador, pero a pesar de esto seguimos en una sociedad en donde la víctima tiene más miedo que el victimario,
En donde la víctima tiene miedo a hablar porque gran parte de las consecuencias las sufre ella, y no él.

Y aquellos que pasaron tanto tiempo callados, viéndonos sufrir, oprimidas, en silencio, alzan la vos, pero para decir que nos callemos de nuevo.

Porque los incomodamos, los llevamos a encontrarse consigo mismos, con ese reflejo que cerraron los ojos para no ver, porque si los abren, si abren los ojos para verse al espejo, se encuentran con un violador, un acosador, un abusador o un cómplice devolviéndoles la mirada. Y como no quieren ser nada de eso, prefieren seguir con los ojos cerrados, y tratar de callarnos, porque por más que se tapen los oídos, no pueden evitar escuchar nuestros gritos.

No somos exageradas, no nos "pintó esta", no odiamos a los hombres, pero sí, estamos enojadas.

Porque a una de mis amigas la violó a los seis años un tipo de treinta y pico.

Porque mi hermana tiene once años y me cuenta que hay cosas que no la dejan hacer por ser mujer.

Porque a los doce fue la primera vez que escuché a alguien gemir: fue mientras yo caminaba por la calle y el tipo me miraba el culo.

Porque a los trece me agarraron en una ronda de cuatro o cinco pibes mucho más grandes de tamaño que yo y me manosearon de arriba a abajo.

Porque a los quince violaron a una amiga en su propia casa.

Porque a los dieciséis un pibe la manoseó en un boliche mientras ella le pedía que parase.

Porque a los dieciocho abusaron a otra amiga mientras ella estaba alcoholizada, incapaz de defenderse a sí misma.

Y porque tantas otras, cientos, miles, cada vez más por cada día que pasa, están muertas, y nunca nos vamos a enterar de lo que les hicieron, sólo podemos imaginar, y nunca van a recibir justicia, porque no hay cárcel, no hay escracho, no hay nada que pueda traer justicia a lo que cada una de ellas, cada una de nosotras, todas ellas, todas nosotras tuvimos que pasar.

Porque el consentimiento implica que una persona diga que sí, y que este sea un sí sobrio, consciente.

Porque si una persona esta tirada en una cama sin hacer nada porque no está de humor, o no está lista, o no quiere, y aún así estás teniendo sexo con ella, es una violación.

Así que estamos gritando, porque estamos enojadas, y no nos vamos a callar ni vamos a parar, porque nuestros gritos son la única esperanza que tienen nuestras hermanas, nuestras hijas, nuestras amigas, nuestras nietas, nuestras madres y nuestras abuelas de romper las cadenas que nos vienen apresando desde hace siglos.

Así que no, no nos vamos a callar.

Y no, no estamos exagerando.

Y sí, el patriarcado va a caer, y con él vas a caer vos y todo el que no defienda la causa, porque tras años de violencia, ya no hay lugar para la negociación y el diálogo, ahora solo queda deconstruir y construir, y no importa cuanto grites, no vas a poder tapar nuestra voz.