martes, 19 de febrero de 2019

El amor a la velocidad de un me gusta

Me haces sentir insegura. Confundida.

Yo sé que no lo haces a propósito, pero estás obligando a una controladora a soltar el control.

Controlar. Prevenir. Organizar.

“Mejor prevenir que lamentar”

¿Qué soy sin todo eso?

Insegura, asustada, una nena temblando sin toda la seguridad que parezco siempre llevar encima.

“Vos vení para acá” “Vos parate por allá” “Hacemos lo que vos quieras” pero ya revisé todas las opciones posibles para ver qué elegías.
Si me miras o no. Si te cruzas de brazos o estás cómodo. ¿Te tapas la boca? ¿Te estaré aburriendo?

Insegura. Controladora.

Dame seguridad.

Si no me vas a dar el control, dame la seguridad de que sabes manejar, de que vas a tener en cuenta mis sugerencias, de que vamos juntos, ni yo con vos, ni vos conmigo. Juntos. A la par.

Como me gustaría animarme a decir estas cosas en voz alta, pero me mantienen presas la inseguridad, la sociedad, la regla de que el que menos demuestra es el que gana.

¿Cómo podemos ver la sonrisa de alguien, secar sus lágrimas, a través de una pantalla? A veces la pantalla es el celular, otras veces, es la sonrisa falsa que esconde lo que en verdad sentimos.

Nos tildamos de aventureros, apasionados, pero somos copias exactas de una máquina que nos programa para sentir pero no para demostrarlo.

Todo beso es bueno mientras no cause sentimientos.

Los “Te amo” o “Te quiero” son aceptados siempre y cuando vengan seguidos de un “Jajaja”.

Y expresar que te quiero a mi lado para toda mi vida es una mala palabra, porque es intolerable que haya iniciado la conversación más de una vez, y ya van dos.

Así que todo lo que siento no puede propasar esta hoja, que nunca vas a leer y yo nunca voy a parar de escribir.

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