Yo no lloraba.
Antes yo no lloraba.
No está mal llorar, siempre les digo a los demás, pero jamás me lo creía.
Hasta ahora.
Hasta que descubrí que llorar es sanador, que una lágrima contiene un pedacito del dolor, o de la alegría, por la que pasó tu alma.
Hasta que me di cuenta que llorando crezco, que mis lágrimas limpian el polvo y el óxido que a veces se instala en mi corazón, cuando le impido latir todo lo que él puede.
Mi corazón es fuerte y cada uno de sus latidos suena como pisada de elefante. Es invasivo. Es capaz de hacer temblar la tierra. Pero siempre le impedía latir en toda su capacidad, siempre escondía su fortaleza bajo capas de óxido y polvo. Siempre fingía que mi corazón era de piedra y que de piedra iba a seguir siendo.
Pero ya no.
Mi corazón es como un músculo que cada día se hace más fuerte, crece y se agranda. Cada día es capaz de amar más, y cada día pide menos a cambio, porque a pesar de que en tamaño crezca, en el fondo se hace cada vez más chiquito, capaz de dar cada vez más amor y de esperar menos.
Pero también es capaz de almacenar más y más el amor que estén dispuestos a darle, de recibirlo con brazos abiertos y atesorarlo, porque ese es el único tipo de riqueza que le interesa tener.
Mi corazón es grande, pobre pero rico al mismo tiempo, y está dispuesto a amar y a dejarse amar siempre y cuando haya alguien que acepte su amor y/o le de amor del otro lado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario