lunes, 15 de abril de 2019

bárbara

De cabellos rubios y ojos marrones la pequeña bárbara corre por el lugar dejando un caos a su paso. Ni un segundo de silencio, las palabras, recientemente aprendidas, salen de manera verborrágica de su boca.

-¡No se queda quieta!

-¡Cómo habla!- entre otras exclamaciones acompañan su paso.

Los pocos segundos que para para respirar recibe un par de retos que parecen ser mudos para sus oídos, mientras busca con la mirada cuál puede ser su siguiente actividad.

Sonríe educadamente, como su mamá le enseñó, a la señora que le comenta lo linda que es:- Gracias.- contesta casi por inercia, y trata de quedarse quieta en el lugar mientras la mujer continúa con los cumplidos, hasta que esta (por fin) parece notar su incomodidad y le permite seguir corriendo.

Miles de historias pasan por su cabeza mientras que decide qué jugar luego.

¡Podría ser arqueóloga, como Indiana Jones! ¡O guía de turismo! Ya estuvo jugando a la maestra antes, pero, ¿Por qué no repetir? O capaz podía jugar a las princesas, aunque ese juego era demasiado de nena para ella.

Hizo un pobre intento de jugar a la pelota con los varones, pero la empujaron y le dijeron que las nenas no jugaban. Ella era muy bajita, y a pesar de que lanzó un par de golpes acertados en defensa propia, su fuerza de voluntad no los persuadió de dejarla participar.

El resto de las nenas podían ser un poco aburridas, aparte le decían que era mandona. No era su culpa si establecían un juego y después cada una jugaban con las reglas que querían, si decían una cosa, había que hacerla.

Así que la enana prefirió seguir jugando sola, interrumpida de vez en cuando por algún intento de algún otro nene de ser su amigo/a, lo cual ella ignoraba, explicando lo ocupada que estaba con su actividad.

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