viernes, 31 de mayo de 2019

¿Hay algo que no estes diciendo en voz alta?

En Instagram hay una función que permite que tus seguidores te hagan preguntas . O a la inversa.

Estuve a punto de hacer la pregunta que le da el título a esta entrada. Prepare la historia, puse una foto que saqué hace unas semanas de fondo, escribí la pregunta, y la borré.

¿Por qué? Porque me di cuenta que si hay algo que no decimos en voz alta, es por una razón.

A veces porque no nos animamos, otras porque heriría a alguien, otras porque no estamos seguros de decirlo, otras porque creemos que saldríamos heridos y otras porque simplemente no es el momento o las circunstancias de decirlas. En fin, siempre hay una razón, cuestionable o no, buena o mala.

Y fuera la razón que fuera, por algo estas personas no estaban diciendo lo que hubieran escrito en voz alta, ¿De verdad quería saber algo que ellos no eran capaces de decir? No, no quería. Es interesante ver la clase de cosas que surgen, desde declaraciones de amor, arrepentimiento u odio, pero siempre son cosas que le queremos decir a una persona en específico, con nombre y apellido.

¿Tengo algo que quiero decir en voz alta y no puedo o, mejor dicho, no lo estoy haciendo? Creo que no, que voy diciendo las cosas a medida que las siento, pero la razón por la que lo hago es porque lo que siento no hiere a nadie, y si perjudica a alguien al momento de decirlo, en todo caso, esa persona soy yo.

Pero eso me lleva a querer saber todavía menos lo que no están pudiendo decir ya que me lleva a creer que si hubiese algo que no estoy diciendo es porque afectaría negativamente a las personas de mi entorno.
O no. Quizá no, pero quizá la razón por la que no lo dicen es porque este no es el momento adecuado.

¿Estoy lista para enterarme a través de una pregunta de Instagram que una amiga me traicionó? ¿Qué alguien esta enojado/a conmigo? ¿Qué alguien se siente atraído por mí? ¿De no haber sido por mi pregunta me lo habrían dicho? ¿O mi pregunta hubiera sido la causante de su coraje?

Empujar a alguien a confesarte algo nunca es una buena idea, porque por algo no tomaron impulso por sí mismos para decírtelo.

Y saber las palabras más profundas de una persona, sin importar que no puedas estar segura de a quién van dirigidas tampoco es una buena idea, te colocas como destinatario de unas palabras que no te pertenecen, que no se dirigen a vos, pero que sin embargo ahora te callas con ellas.

Pero yo no quiero callar secretos que no son míos ni de mis amigos, al contrario, me gusta hablar verdades propias e incentivar a mis amigos a que vociferen sus pensamientos a pesar de que de miedo.

No soy quien para incentivar a la persona que hubiera respondido mi pregunta a confesarse con su destinatario pero sí me tomo el atrevimiento de incentivarte a vos, que estás leyendo esto, a decir eso que tenes en la punta de la lengua (y del corazón) y no te animas (siempre y cuando no sean palabras hirientes para otras personas, esas son mejor enterrarlas y dejarlas que maten todo lo malo que tienen alrededor) porque siempre que hables en voz alta frente a alguien, ese alguien va a estar escuchando lo que decís, y te va a dar una respuesta, que, sea cual sea, va a ser mejor que las que puedas crear con tu imaginación.

sábado, 11 de mayo de 2019

Mi corazón

Yo no lloraba.

Antes yo no lloraba.

No está mal llorar, siempre les digo a los demás, pero jamás me lo creía.

Hasta ahora.

Hasta que descubrí que llorar es sanador, que una lágrima contiene un pedacito del dolor, o de la alegría, por la que pasó tu alma.

Hasta que me di cuenta que llorando crezco, que mis lágrimas limpian el polvo y el óxido que a veces se instala en mi corazón, cuando le impido latir todo lo que él puede.

Mi corazón es fuerte y cada uno de sus latidos suena como pisada de elefante. Es invasivo. Es capaz de hacer temblar la tierra. Pero siempre le impedía latir en toda su capacidad, siempre escondía su fortaleza bajo capas de óxido y polvo. Siempre fingía que mi corazón era de piedra y que de piedra iba a seguir siendo.

Pero ya no.

Mi corazón es como un músculo que cada día se hace más fuerte, crece y se agranda. Cada día es capaz de amar más, y cada día pide menos a cambio, porque a pesar de que en tamaño crezca, en el fondo se hace cada vez más chiquito, capaz de dar cada vez más amor y de esperar menos.

Pero también es capaz de almacenar más y más el amor que estén dispuestos a darle, de recibirlo con brazos abiertos y atesorarlo, porque ese es el único tipo de riqueza que le interesa tener.

Mi corazón es grande, pobre pero rico al mismo tiempo, y está dispuesto a amar y a dejarse amar siempre y cuando haya alguien que acepte su amor y/o le de amor del otro lado.

viernes, 3 de mayo de 2019

"Sólo me valoro en otras bocas,
me canso de los espejos
y de las orgías de palabras vacías,
olvido todo lo que no fue capaz
de romperme y reconstruirme en un mismo golpe,
empatizo con todo aquel que acumula 
bocetos incompletos
porque mi vida también fue una mancha negra 
en un lienzo blanco,
-pero entonces alguien me llevó a un museo
y me llamó arte-.

Quizá solo se trate de encontrar a quien te sigue mirando
cuando tú cierras los ojos."

-de Baluarte, autora: Elvira Sastre.
"Y escribo, escribo, escribo,
escribo para que mis ruidos no me cieguen.

Escribo, escribo, escribo,
escribo para dar al silencio una excusa.

Escribo, escribo, escribo,
escribo para enseñarme todo lo que desconozco de mí misma,
todo lo que no quiero terminar de conocer.

Escribo, escribo, escribo, 
escribo para que el día que no me mires no quieras marcharte,
para que el día que quieras irte lo hagas sin dudar.

Escribo, escribo, escribo,
escribo porque la música es suficiente y yo soy persona de excesos.

Escribo, escribo, escribo,
para nunca saciar este hambre de todo que se vacía con nada.


Escribo, escribo, escribo.
No dejo de escribir.
No quiero morir.


(Y es que aquí dentro solo late un pensamiento: 
que será de mí cuando descubra que las palabras también son mentira)"

- de Baluarte, autora: Elvira Sastre

lunes, 15 de abril de 2019

bárbara

De cabellos rubios y ojos marrones la pequeña bárbara corre por el lugar dejando un caos a su paso. Ni un segundo de silencio, las palabras, recientemente aprendidas, salen de manera verborrágica de su boca.

-¡No se queda quieta!

-¡Cómo habla!- entre otras exclamaciones acompañan su paso.

Los pocos segundos que para para respirar recibe un par de retos que parecen ser mudos para sus oídos, mientras busca con la mirada cuál puede ser su siguiente actividad.

Sonríe educadamente, como su mamá le enseñó, a la señora que le comenta lo linda que es:- Gracias.- contesta casi por inercia, y trata de quedarse quieta en el lugar mientras la mujer continúa con los cumplidos, hasta que esta (por fin) parece notar su incomodidad y le permite seguir corriendo.

Miles de historias pasan por su cabeza mientras que decide qué jugar luego.

¡Podría ser arqueóloga, como Indiana Jones! ¡O guía de turismo! Ya estuvo jugando a la maestra antes, pero, ¿Por qué no repetir? O capaz podía jugar a las princesas, aunque ese juego era demasiado de nena para ella.

Hizo un pobre intento de jugar a la pelota con los varones, pero la empujaron y le dijeron que las nenas no jugaban. Ella era muy bajita, y a pesar de que lanzó un par de golpes acertados en defensa propia, su fuerza de voluntad no los persuadió de dejarla participar.

El resto de las nenas podían ser un poco aburridas, aparte le decían que era mandona. No era su culpa si establecían un juego y después cada una jugaban con las reglas que querían, si decían una cosa, había que hacerla.

Así que la enana prefirió seguir jugando sola, interrumpida de vez en cuando por algún intento de algún otro nene de ser su amigo/a, lo cual ella ignoraba, explicando lo ocupada que estaba con su actividad.

De bellas y bestias

Tres chicas en una habitación mirando una película. Dos en la cama, una en el piso. Comen pochoclos y rocklets en iguales cantidades.

-Miren, tiene un vestido amarillo, como en La Bella y la Bestia.- señala una de las que está sentada en la cama mientras acerca un puñado de pochoclos a su boca.

-Pero el no es ninguna bestia, al contrario, es re bueno.- responde la otra que está en la cama.

-Lástima que no van a terminar juntos, es obvio que ella se va a enamorar del otro.- se lamenta la primera en hablar.

-Hay veces que dos personas buenas, “bellas” no terminan juntos.- reflexiona la que está sentada en el piso.- Pasa muchas veces, los demás los vemos de afuera y pensamos “eran perfectos el uno para el otro, ¿Por qué cortaron?” Cuando la posta es que hay veces que simplemente no se quieren lo suficiente, o quizá se dejaron de querer. A lo mejor uno de los dos se enamoró de otra persona “bella”. Hay otras veces que dos bestias se enamoran, no siempre nos damos cuenta de que se trata de dos bestias, pero alcanza con mirar un poquito en la relación para ver que lo son: se celan, se insultan, se persiguen, se destruyen. Y hay otras veces que pasa como en el cuento, una persona bella se enamora de la bestia, aunque la mayoría de las veces, la bella termina muerta.- concluye con tristeza.

Las otras dos la miran en silencio, hasta que una se anima a romperlo.- ¿Qué te pinto por hacer esa reflexión?

-Es que no me gusta el ejemplo que muchos cuentos de princesas le dan a las nenas y a los nenes.- comenta.

-¿Y?- pregunta la tercer amiga.

-Y, nada, una tiene que preocuparse por esas cosas.- rompe a llorar.- Si no prestamos atención, les terminamos enseñando que las bestias se transforman en personas por amor, que está bien que te encierren en un castillo, te traten mal y no te dejen salir. También que esta bien que te den besos cuando estás dormida, y que si el otro es lindo o feo alcanza para enamorarse, que eso construye.- cada vez llora más fuerte.- Que uno se puede enamorar de otro con tan solo ver un castillo o que está bien entregar tu voz por amor, incluso si te están advirtiendo que no lo hagas.

Silencio.

-¿Esto es porque cortaste con Lucas?- pregunta tentativamente una de las otras dos muchachas, su voz sale suave, como si la más mínima brisa tuviera la fuerza suficiente para quebrar a su amiga en dos.

-Esto es por la razón por la que Lucas me cortó.- los sollozos son cada vez más audibles y ya casi no la dejaban formular las palabras.

-¿Qué pasó?- pregunta la otra amiga, mientras se acerca a acariciarle el pelo, seguida por la que hizo la primer pregunta, que se coloca junto a la que llora.

-Estoy embarazada.- responde acongojada.

Las amigas la abrazan, pasan unos minutos en donde sólo se escucha su llanto.

-¿Vas a abortar?- cuestiona con un hilo de voz una de las dos.

La joven niega con la cabeza.- No, lo voy a tener.- se toca la panza.- En unos años estoy segura que va a ser la decisión correcta.- se ríe en medio del llanto.- ¿Se lo imaginan corriendo por ahí? ¿O una nena, chiquita, como yo?

Las otras dos se miran, quieren preguntar, pero no se animan, tras un momento una rompe el silencio:- ¿Y Lucas…- deja la frase inconclusa, no sabe cómo terminar.

-Se lo dije y le chupo un huevo. Me tiro plata para que lo aborte. Estaba sacado, me negó que fuera suyo, me trato de puta y se fue.- llora más.- Después me mandó un mensaje diciéndome que no quería saber nada, que lo disculpe, pero no.- concluye con tono sarcástico.

-Es un pelotudo.- contesta fervientemente la otra de las dos amigas.- No te preocupes, nosotras vamos a estar para acompañarte en lo que necesites.

-Sí, olvídate.- asintió la otra con la cabeza.- Te acompañamos al médico, te compramos lo que sea, hasta hablamos con tus viejos.

-Todo va a estar bien.- la tratan de convencer entre las dos, mientras la otra sigue llorando, pero aliviada, sabiendo que no va a tener que enfrentar la situación sola.

viernes, 8 de marzo de 2019

Vivir duele. Respirar duele. Pensar en vos duele. No pensar en vos duele. El sonido de tu voz duele. Saber que no voy a volver a escucharlo así de cerca duele más. Tu recuerdo arde. La distancia que me separa de vos se transforma en piedras que se asientan en mi pecho cada vez que inhalo y exhalo. Pensar en tus besos me duele. Pensar en besar a otro es desgarrador. No llorar no sana. Llorar sana pero destroza. Mirarte sonreír es como un mimo que rápidamente me recuerda que esas sonrisas ya no van a ser para mí. Tus defectos sólo alimentan mis esperanzas. Tus virtudes vuelven más pesada tu ausencia. El tiempo que pasa agranda la herida. Las cosas que no te pregunté dan vueltas en mi cabeza, pero la certeza de que te dije todo lo que tenía que decirte, y que aún así elegiste irte, frenan el recorrido de mis dudas.

Yo no te perdí. Vos me perdiste a mí. Pero entonces, ¿Por qué dolés tanto?