viernes, 3 de mayo de 2019

"Sólo me valoro en otras bocas,
me canso de los espejos
y de las orgías de palabras vacías,
olvido todo lo que no fue capaz
de romperme y reconstruirme en un mismo golpe,
empatizo con todo aquel que acumula 
bocetos incompletos
porque mi vida también fue una mancha negra 
en un lienzo blanco,
-pero entonces alguien me llevó a un museo
y me llamó arte-.

Quizá solo se trate de encontrar a quien te sigue mirando
cuando tú cierras los ojos."

-de Baluarte, autora: Elvira Sastre.
"Y escribo, escribo, escribo,
escribo para que mis ruidos no me cieguen.

Escribo, escribo, escribo,
escribo para dar al silencio una excusa.

Escribo, escribo, escribo,
escribo para enseñarme todo lo que desconozco de mí misma,
todo lo que no quiero terminar de conocer.

Escribo, escribo, escribo, 
escribo para que el día que no me mires no quieras marcharte,
para que el día que quieras irte lo hagas sin dudar.

Escribo, escribo, escribo,
escribo porque la música es suficiente y yo soy persona de excesos.

Escribo, escribo, escribo,
para nunca saciar este hambre de todo que se vacía con nada.


Escribo, escribo, escribo.
No dejo de escribir.
No quiero morir.


(Y es que aquí dentro solo late un pensamiento: 
que será de mí cuando descubra que las palabras también son mentira)"

- de Baluarte, autora: Elvira Sastre

lunes, 15 de abril de 2019

bárbara

De cabellos rubios y ojos marrones la pequeña bárbara corre por el lugar dejando un caos a su paso. Ni un segundo de silencio, las palabras, recientemente aprendidas, salen de manera verborrágica de su boca.

-¡No se queda quieta!

-¡Cómo habla!- entre otras exclamaciones acompañan su paso.

Los pocos segundos que para para respirar recibe un par de retos que parecen ser mudos para sus oídos, mientras busca con la mirada cuál puede ser su siguiente actividad.

Sonríe educadamente, como su mamá le enseñó, a la señora que le comenta lo linda que es:- Gracias.- contesta casi por inercia, y trata de quedarse quieta en el lugar mientras la mujer continúa con los cumplidos, hasta que esta (por fin) parece notar su incomodidad y le permite seguir corriendo.

Miles de historias pasan por su cabeza mientras que decide qué jugar luego.

¡Podría ser arqueóloga, como Indiana Jones! ¡O guía de turismo! Ya estuvo jugando a la maestra antes, pero, ¿Por qué no repetir? O capaz podía jugar a las princesas, aunque ese juego era demasiado de nena para ella.

Hizo un pobre intento de jugar a la pelota con los varones, pero la empujaron y le dijeron que las nenas no jugaban. Ella era muy bajita, y a pesar de que lanzó un par de golpes acertados en defensa propia, su fuerza de voluntad no los persuadió de dejarla participar.

El resto de las nenas podían ser un poco aburridas, aparte le decían que era mandona. No era su culpa si establecían un juego y después cada una jugaban con las reglas que querían, si decían una cosa, había que hacerla.

Así que la enana prefirió seguir jugando sola, interrumpida de vez en cuando por algún intento de algún otro nene de ser su amigo/a, lo cual ella ignoraba, explicando lo ocupada que estaba con su actividad.

De bellas y bestias

Tres chicas en una habitación mirando una película. Dos en la cama, una en el piso. Comen pochoclos y rocklets en iguales cantidades.

-Miren, tiene un vestido amarillo, como en La Bella y la Bestia.- señala una de las que está sentada en la cama mientras acerca un puñado de pochoclos a su boca.

-Pero el no es ninguna bestia, al contrario, es re bueno.- responde la otra que está en la cama.

-Lástima que no van a terminar juntos, es obvio que ella se va a enamorar del otro.- se lamenta la primera en hablar.

-Hay veces que dos personas buenas, “bellas” no terminan juntos.- reflexiona la que está sentada en el piso.- Pasa muchas veces, los demás los vemos de afuera y pensamos “eran perfectos el uno para el otro, ¿Por qué cortaron?” Cuando la posta es que hay veces que simplemente no se quieren lo suficiente, o quizá se dejaron de querer. A lo mejor uno de los dos se enamoró de otra persona “bella”. Hay otras veces que dos bestias se enamoran, no siempre nos damos cuenta de que se trata de dos bestias, pero alcanza con mirar un poquito en la relación para ver que lo son: se celan, se insultan, se persiguen, se destruyen. Y hay otras veces que pasa como en el cuento, una persona bella se enamora de la bestia, aunque la mayoría de las veces, la bella termina muerta.- concluye con tristeza.

Las otras dos la miran en silencio, hasta que una se anima a romperlo.- ¿Qué te pinto por hacer esa reflexión?

-Es que no me gusta el ejemplo que muchos cuentos de princesas le dan a las nenas y a los nenes.- comenta.

-¿Y?- pregunta la tercer amiga.

-Y, nada, una tiene que preocuparse por esas cosas.- rompe a llorar.- Si no prestamos atención, les terminamos enseñando que las bestias se transforman en personas por amor, que está bien que te encierren en un castillo, te traten mal y no te dejen salir. También que esta bien que te den besos cuando estás dormida, y que si el otro es lindo o feo alcanza para enamorarse, que eso construye.- cada vez llora más fuerte.- Que uno se puede enamorar de otro con tan solo ver un castillo o que está bien entregar tu voz por amor, incluso si te están advirtiendo que no lo hagas.

Silencio.

-¿Esto es porque cortaste con Lucas?- pregunta tentativamente una de las otras dos muchachas, su voz sale suave, como si la más mínima brisa tuviera la fuerza suficiente para quebrar a su amiga en dos.

-Esto es por la razón por la que Lucas me cortó.- los sollozos son cada vez más audibles y ya casi no la dejaban formular las palabras.

-¿Qué pasó?- pregunta la otra amiga, mientras se acerca a acariciarle el pelo, seguida por la que hizo la primer pregunta, que se coloca junto a la que llora.

-Estoy embarazada.- responde acongojada.

Las amigas la abrazan, pasan unos minutos en donde sólo se escucha su llanto.

-¿Vas a abortar?- cuestiona con un hilo de voz una de las dos.

La joven niega con la cabeza.- No, lo voy a tener.- se toca la panza.- En unos años estoy segura que va a ser la decisión correcta.- se ríe en medio del llanto.- ¿Se lo imaginan corriendo por ahí? ¿O una nena, chiquita, como yo?

Las otras dos se miran, quieren preguntar, pero no se animan, tras un momento una rompe el silencio:- ¿Y Lucas…- deja la frase inconclusa, no sabe cómo terminar.

-Se lo dije y le chupo un huevo. Me tiro plata para que lo aborte. Estaba sacado, me negó que fuera suyo, me trato de puta y se fue.- llora más.- Después me mandó un mensaje diciéndome que no quería saber nada, que lo disculpe, pero no.- concluye con tono sarcástico.

-Es un pelotudo.- contesta fervientemente la otra de las dos amigas.- No te preocupes, nosotras vamos a estar para acompañarte en lo que necesites.

-Sí, olvídate.- asintió la otra con la cabeza.- Te acompañamos al médico, te compramos lo que sea, hasta hablamos con tus viejos.

-Todo va a estar bien.- la tratan de convencer entre las dos, mientras la otra sigue llorando, pero aliviada, sabiendo que no va a tener que enfrentar la situación sola.

viernes, 8 de marzo de 2019

Vivir duele. Respirar duele. Pensar en vos duele. No pensar en vos duele. El sonido de tu voz duele. Saber que no voy a volver a escucharlo así de cerca duele más. Tu recuerdo arde. La distancia que me separa de vos se transforma en piedras que se asientan en mi pecho cada vez que inhalo y exhalo. Pensar en tus besos me duele. Pensar en besar a otro es desgarrador. No llorar no sana. Llorar sana pero destroza. Mirarte sonreír es como un mimo que rápidamente me recuerda que esas sonrisas ya no van a ser para mí. Tus defectos sólo alimentan mis esperanzas. Tus virtudes vuelven más pesada tu ausencia. El tiempo que pasa agranda la herida. Las cosas que no te pregunté dan vueltas en mi cabeza, pero la certeza de que te dije todo lo que tenía que decirte, y que aún así elegiste irte, frenan el recorrido de mis dudas.

Yo no te perdí. Vos me perdiste a mí. Pero entonces, ¿Por qué dolés tanto?

martes, 19 de febrero de 2019

El amor a la velocidad de un me gusta

Me haces sentir insegura. Confundida.

Yo sé que no lo haces a propósito, pero estás obligando a una controladora a soltar el control.

Controlar. Prevenir. Organizar.

“Mejor prevenir que lamentar”

¿Qué soy sin todo eso?

Insegura, asustada, una nena temblando sin toda la seguridad que parezco siempre llevar encima.

“Vos vení para acá” “Vos parate por allá” “Hacemos lo que vos quieras” pero ya revisé todas las opciones posibles para ver qué elegías.
Si me miras o no. Si te cruzas de brazos o estás cómodo. ¿Te tapas la boca? ¿Te estaré aburriendo?

Insegura. Controladora.

Dame seguridad.

Si no me vas a dar el control, dame la seguridad de que sabes manejar, de que vas a tener en cuenta mis sugerencias, de que vamos juntos, ni yo con vos, ni vos conmigo. Juntos. A la par.

Como me gustaría animarme a decir estas cosas en voz alta, pero me mantienen presas la inseguridad, la sociedad, la regla de que el que menos demuestra es el que gana.

¿Cómo podemos ver la sonrisa de alguien, secar sus lágrimas, a través de una pantalla? A veces la pantalla es el celular, otras veces, es la sonrisa falsa que esconde lo que en verdad sentimos.

Nos tildamos de aventureros, apasionados, pero somos copias exactas de una máquina que nos programa para sentir pero no para demostrarlo.

Todo beso es bueno mientras no cause sentimientos.

Los “Te amo” o “Te quiero” son aceptados siempre y cuando vengan seguidos de un “Jajaja”.

Y expresar que te quiero a mi lado para toda mi vida es una mala palabra, porque es intolerable que haya iniciado la conversación más de una vez, y ya van dos.

Así que todo lo que siento no puede propasar esta hoja, que nunca vas a leer y yo nunca voy a parar de escribir.

Dos generaciones y media

Un anciano y un joven se encuentran sentados en una mesa en medio de un jardín bien cuidado, el césped es verde y hay flores por todos lados, es una tarde soleada, probablemente de verano o de primavera. La mesa es una mesa decorada con pedazos de vidrio de distintos colores, y tanto las patas de la mesa, como de las sillas en las que están sentados son de hierro doblado de tal manera que daba lugar a distintos patrones.

En medio del jardín, hay una nena de unos cinco años juntando flores:-¡Para mamá!- grita contenta mientras muestra el pequeño ramillete al anciano y al joven.

-Andá a ponerlas en agua nena, así no se marchitan.- indica el mayor de los dos, a lo que la nena corre hacia el interior de la casa a la cual pertenece el jardín.- Tu tía era igual, siempre arrancando flores de acá y de allá, a tu abuela y a mí nos volvía locos, pero nunca le decíamos nada por lo contenta que venía a mostrárnoslas.- le comenta al joven.- Tu mamá, en cambio, nunca gustó de arrancar flores, al contrario, se ponía triste cuando lo hacía, en esa época estaba de moda arrancar margaritas, y me acuerdo que una vez fue a buscar a tu abuela llorando, a contarle que estaba triste porque mató dos flores.- se ríe.- Después de eso nunca lo volvió a hacer, siempre tenía un respeto distinto por la vida, andaba con mucho cuidado, ¡¿Y sabes la de veces que me retó por matar alguna rata?! Una vez maté a un gato que no paraba de maullar a la madrugada ¡Ja! No me hablo como por un mes.

-Sí, a mi me critica si mato algo que no sea un mosquito.- responde el muchacho a la ligera.

-Siempre fue muy…- se ríe con la mirada perdida en algún punto del jardín, hundido en la mar de recuerdos que lo invadian al pensar en su hija durante sus años de juventud.- La primera vez que trajo a tu padre, lo primero que le pregunté fue si sabía cazar, ¡El escándalo que me hizo! En realidad yo quería asustarlo, mostrarle que tenía la escopeta ahí guardada, por las dudas, pero tu mamá lo asustó más de lo que yo hubiese podido.- niega con la cabeza.- Al final salió una buena mujer, hicimos un buen trabajo, aunque yo no te niego que cuando conocí a tu papá tenía mis dudas.- le guiña un ojo, buscando complicidad.

El muchacho se ríe, no muy seguro de qué responder, la nena regresa y corre por el jardín mientras suelta palabras en medio de gritos de felicidad.

-Pero al final resulto ser un buen tipo tu viejo, el que era mala calaña es el marido de la Mirta, ¡Cómo la cago! Yo sabía que había algo mal con ese tipo desde un principio, ¿Pero a mí quién me va a dar pelota? Que soy un exagerado, que no entiendo nada,- niega con la cabeza mientras frunce el ceño.- al final yo tenía razón, aunque nunca nadie me lo va admitir.

Segundos de silencio, un colibrí pasa volando, la nena lo persigue, contenta, no se escucha más que el canto de los pájaros y el ruido de algún auto al pasar.

-En cambio, si la razón la tiene tu abuela tengo que ir corriendo a dársela.- resopla.- Es increíble el radar que tiene esa vieja para darse cuenta cuando estoy equivocado, ¡Hasta enfrente de mis amigos me corrige! Y siempre tiene razón, no hay con qué darle.- niega con la cabeza una vez más mientras dirige su mirada al joven que lo acompaña.- Si querés tener la razón, no te cases con una mujer inteligente.- resopla mientras gesticula con las manos:- ¡Va! ¡Para que te aclaro si con la noviecita que te buscaste vas por buen camino!

-No abuelo, Camila es una chica inteligente.- responde a la defensiva rápidamente el muchacho.

-¿Inteligente para qué, hijo?- preguntá con las cejas alzadas y entonación insinuante.- No confundas la inteligencia con otras cosas.

-No lo hago.- era evidente que el joven quería discutir, pero el mayor de los hombres fue rápido en continuar.

-La que sí es un buen partido es esta chica que siempre anda con vos, ¿Cómo se llama?- pregunta gesticulando con la mano al aire, como tratando de atraer el recuerdo.

-¿Quién, abuelo?

-¡La morochita! Que siempre traes a los cumpleaños.

-¿Guille decís? Pero ella es solo una amiga.

-¿Qué amiga ni qué ocho cuartos? Amigos son los huevos. Esa chica está enamorada de vos, yo sé lo que te digo.- le advierte con tono sabelotodo mientras va subiendo el volumen de la voz, enfatizando a medida que habla.

-Estás flasheando abuelo.

-¿Qué estás flasheando ni nada? A mi con esas palabras que usan ustedes ahora no, eh. Además, yo podré necesitar todos los lentes que quieras, pero de estas cosas sé bastante, al fin y al cabo, crié dos hijas que bien derechitas me salieron, y además sigo casado con tu abuela, que no es poco logro eh.- apunta con el dedo.

El joven niega con la cabeza.- Pero Guille es mi amiga, además ahora está saliendo con un wa… chico.- se autocorrigió al final, recordando la advertencia que le había hecho el anciano sobre su vocabulario.

-Yo sé de lo que hablo.- fue la mera respuesta del abuelo.

El joven pareció querer replicar, pero una vez más fue interrumpido, esta vez por el sonido de la puerta de calle al abrirse.

-¡Llegamos!- anuncia una voz de mujer a la par que se escucha nuevamente el ruido de la puerta.

Mientras una dos mujeres, una anciana y otra de mediana edad se acercan a saludar, la nena corre a entregarle el ramo de flores a la más joven de las dos.