Vivir duele. Respirar duele. Pensar en vos duele. No pensar en vos duele. El sonido de tu voz duele. Saber que no voy a volver a escucharlo así de cerca duele más. Tu recuerdo arde. La distancia que me separa de vos se transforma en piedras que se asientan en mi pecho cada vez que inhalo y exhalo. Pensar en tus besos me duele. Pensar en besar a otro es desgarrador. No llorar no sana. Llorar sana pero destroza. Mirarte sonreír es como un mimo que rápidamente me recuerda que esas sonrisas ya no van a ser para mí. Tus defectos sólo alimentan mis esperanzas. Tus virtudes vuelven más pesada tu ausencia. El tiempo que pasa agranda la herida. Las cosas que no te pregunté dan vueltas en mi cabeza, pero la certeza de que te dije todo lo que tenía que decirte, y que aún así elegiste irte, frenan el recorrido de mis dudas.
Yo no te perdí. Vos me perdiste a mí. Pero entonces, ¿Por qué dolés tanto?